Así se hundió el real decreto de la estiba

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Así se hundió el real decreto de la estiba

Marítimo MIGUEL JIMÉNEZ Madrid Hoy

8:59 horas del jueves 16 de marzo. Un puñado de periodistas se agolpan a las puertas del hemiciclo del Congreso de los Diputados sin parar de hacer cábalas para ver si al Gobierno le salen las cuentas en la votación de la reforma de la estiba. Justo a esa hora todo el mundo da por seguro que el Gobierno tiene 174 votos. Los 134 del PP,  los 2 de UPN, el de Foro, los 32 de Ciudadanos y los 5 del PNV. Siguen faltando 2 votos pues el bloque contrario a la reforma parece monolítico.

Eso sí, la tensión es máxima en torno a las 3 diputadas de Podemos, ERC y Compromís que a esa hora están llegando en avión de Nueva York reclamadas en el último momento ante la trascendencia de la votación.

La tensión es máxima pues, de no llegar a tiempo, el PP logrará sacar adelante el decreto ley.

Suenan insistentemente las campanas que anuncian el inminente inicio del pleno. El ministro De la Serna entra raudo acompañado de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, el único apoyo que tendrá del Gobierno durante el debate.

“Vamos a ver qué pasa”, dice De la Serna esperanzado, alentando por segundos las especulaciones en torno a la posibilidad de un milagro.

Los pasillos se vacían, la presidenta se dirige a la mesa para tomar la palabra y, de pronto, al fondo, aparece a la carrera el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas.

La pregunta se antoja retórica: “¿Qué va a votar Ciudadanos?” La respuesta, en cambio, cae como una bomba. “Vamos a abstenernos”. El real decreto, a partir de ese mismo momento, está muerto. El eco le llega de inmediato al portavoz socialista Rafael Hernando, que sube las escaleras del hemiciclo a la carrera y, sin contener la voz, le grita a Salvador de la Encina: “Se abstiene, Ciudadanos se abstiene”. El vicepresidente de la Comisión de Fomento del Congreso esboza bajo la barba una sonrisa. Segundos después, ya con Hernando sentado en su escaño, Juan Carlos Girauta le confirma la decisión al PSOE: “Abstención”. De la Serna va en ese momento camino del estrado para iniciar el debate, ya intrascendente, ya condenado, como el decreto, ahogado en el último momento por unas prisas que no fueron buenas consejeras.

El Gobierno siempre confió en que, antes o después, lograría convencer al PSOE de votar a favor del real decreto. No necesitaría más que su apoyo y lo de Ciudadanos sería por añadidura, pero las formas del Gobierno en la tramitación cerraron de golpe cualquier posibilidad de pacto con los socialistas. Próximos en el fondo, el PSOE no podía permitir que la forma de la reforma pareciera un atropello sin aparente diálogo previo, por mucho que el Gobierno llevara dos años llevando a Bruselas las inservibles propuestas de los sindicatos. El PSOE sólo ponía una condición para apoyar el real decreto, que hubiera un acuerdo entre patronal y sindicatos Ese acuerdo no lo querían bajo ningún concepto los sindicatos, cuyo objetivo máximo era tumbar el decreto. Ese acuerdo no lo quería la patronal, pues sólo estaba dispuesta a negociar una vez se aprobara el decreto. Y ese acuerdo, aunque era vital para el Gobierno, no estaba dispuesto a coordinarlo Fomento, sabedor de que su presencia en la mesa solo serviría para exigir un nuevo decreto y no para limitarse las partes a negociar el convenio. Por eso la mesa social bajo la mediación de Marcos Peña perdió soberanamente el tiempo durante tres semanas y por eso el Gobierno terminó por tener claro que con el PSOE no había absolutamente nada que hacer. Máxime al haber dado alas a los sindicatos la demanda socialista de diálogo. Los estibadores, con la batalla de la opinión pública perdida, veían cómo recuperaban terreno ante la evidencia de un Gobierno que se negaba a tener canales abierto de negociación escudado en la presencia del mediador.

Esta necesidad de negociar se hace imperiosa el miércoles por la mañana, cuando Fomento insiste en su órdago de votar el jueves el real decreto y sale a buscar la suma preferida: Ciudadanos y PNV más la abstención de PdeCAT.

El partido de Rivera, que por dos veces ha coqueteado con los sindicatos y ha logrado tanto la desconvocatoria de sendos paros como el aplazamiento de la votación, mostrando simplemente que es imperioso el diálogo, se planta y exige al Gobierno un rotundo gesto de negociación.

A la par, la exigencia del PNV es la misma, aunque todo lo relativo al Partido Nacionalista Vasco se cuece en la mesa de los Presupuestos Generales de Euskadi para 2017. El acuerdo final en Vitoria facilita el acuerdo sobre la estiba en Madrid. El PNV será al final el único partido junto al diputado de Foro que vote a favor del decreto.

En este contexto, a última hora de la mañana del miércoles el Gobierno cede a la exigencia naranja y decide proponer un acuerdo que no es más que desarrollar el acta de compromisos propuesta una semana antes por ANESCO a la que se añade, por fin, la especificación de las ayudas a la prejubilación que lleva tantos días prometiendo el Ministerio de Empleo.

Ciudadanos considera muy positivamente la propuesta del Gobierno, incluso “muy generosa” en lo que respecta a las prejubilaciones.

Por si esto fuera poco, el propio ministro de Fomento decide presentarse a las 16:00 horas en la reunión de la mesa social.

El apoyo de Ciudadanos está prácticamente en el bolsillo. El cambio de cromos con el PNV ha surtido efecto. Sólo quedan dos votos para asegurar la mayoría.

Como era previsible, PdeCAT huye como de la peste de sumar sus votos con el Gobierno, sea cual sea la iniciativa. Ahora bien, sopla el viento a favor pues crecen los rumores en torno a las tres diputadas ausentes. Parece que no llegan. Va a haber suerte. El Gobierno va a poder sacar el real decreto... pero todo, de golpe, se tuerce.

De la Serna llega a la sede del Consejo Económico y Social y allí sólo están los abogados de la patronal y los sindicatos. No hay ningún representante legal. El mediador, Marcos Peña, dice que se avisó a las partes de que al día siguiente acudirían a la reunión representantes del Gobierno. El abogado de Coordinadora, Víctor Díaz, lo confirma pero precisa que nunca se dijo que la convocatoria dejara de ser para una “reunión técnica”.

Lo cierto es que Antolín Goya, líder del sindicato Coordinadora, no está en Madrid, sigue aún en Tenerife. Muchos no se explican qué hace Goya a tres horas de avión del núcleo decisorio y a 24 horas de una votación tan decisiva. Algunos apuntan a una ausencia calculada.

En todo caso, lo cierto es que De la Serna, junto al secretario de Estado, llevan su propuesta a una mesa que no tiene ningún tipo de representatividad, a una mesa que no sirve para nada y el asunto llega a oídos de Ciudadanos. Cuando Albert Rivera se entera de que no ha habido reunión real paraliza cualquier posibilidad de apoyo al Gobierno. Ciudadanos valora el gesto de Fomento y, sobre todo, de Empleo, pero entiende que no puede apoyar el decreto en base a un diálogo que no se ha producido.

El partido naranja pide al Gobierno que vuelva a aplazar la votación una semana, le insiste en que aproveche que aún hay siete días hasta que se cumpla el máximo de 30 que exige el reglamento para la convalidación. Este tiempo es el perfecto instrumento para justificar el diálogo y votar a favor por parte  de Ciudadanos.

Al final, el Gobierno se niega. Está convencido de que aunque aplace, a la semana siguiente seguirá teniendo al PSOE en contra. Mantiene el órdago y el debate para la mañana del jueves.

Eso sí, hace un último intento para que se tramite el decreto como proyecto de ley. Aquí no encuentra ningún apoyo y, aún así, se opta por la votación, aunque la derrota vaya a ser histórica.

Al final 141 votos a favor, 33 abstenciones y 174 votos en contra. El decreto decae y los estibadores, en el gallinero del Congreso, marchan con el puño en alto.